Prácticamente sin ellos no puedo cocinar; la pimienta negra recién molida, la sal marina gruesa y un buen
aceite de oliva, son mis mejores aliados en la cocina.
Pimienta negra: Son las bayas recogidas antes de estar madurar, se dejan secar al sol, se fermentan, se arrugan y oscurecen hasta volverse marrones, casi negras, es lo que conocemos por la pimienta negra. Posee un sabor picante y la mejor manera de emplearla sigue siendo el clásico, dar unas vueltas al molinillo por encima del producto cocinado poco antes de servir. Los granos enteros se usan para sazonar caldos y guisos líquidos y en charcutería, y machacada ligeramente, se añade en las mezclas de especias secas y adobos.
La sal marina: se obtiene mediante la evaporación del agua de mar. Esta sal es mejor que la sal común o de mesa, ya que tiene un sabor más acentuado que permite emplear menor cantidad a la hora de sazonar las comidas que de sal común. Esto se traduce en una menor ingesta de sodio; mineral que consumido en exceso tiene implicaciones negativas para la salud, especialmente en caso de hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular y retención de líquidos.

A pesar de su color gris, la sal marina es más sana y completa que la refinada que se emplea para condimentar la comida. La sal de mesa es más seca debido a la incorporación de fosfato de cal. Se puede encontrar en establecimientos dedicados a la dietética; es muy resistente al calor y se puede añadir a los alimentos antes de cocinarlos.


Un aceite de oliva es virgen cuando en su elaboración no tiene contacto en ningún momento con productos químicos o disolventes orgánicos. El Aceite de Oliva Virgen Extra es el más natural de todos los aceites; se trata de un producto protector y regulador del equilibrio de nuestra salud.
En una primera toma de contacto con el aceite de oliva, el color y el aroma revelan la mayoría de sus secretos.
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